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Desguace y Pertenencia



                                BIOGRAFÍA  DE DESGUACE  Y PERTENENCIA

El grupo de poesía Desguace y Pertenencia nace a finales del 2010.Las siete poetas que lo integran fueron becadas por el  Fondo Nacional de las Artes para un taller dictado en Toay y en Gral. Pico por la investigadora y poeta  Alicia Genovese  en el marco del programa “Pertenencia: puesta en común  de la diversidad cultural argentina”. Fueron seis encuentros intensos.

Bajo la experta guía de Genovese  desguazaron poemas y aguzaron la mirada crítica sobre la propia obra. Al finalizar el taller se propusieron seguir en contacto, haciendo circular por correo electrónico  los poemas, leyéndose, criticándose.

Fueron siete las  poetas que mantuvieron el  ritmo de trabajo del taller. Y decidieron nombrarse Desguace y Pertenencia, por el programa que posibilitó que se conocieran, y por el modo de abordar el arduo trabajo de corrección.

En 2011 la Subsecretaría de Cultura de La Pampa  les publica la plaqueta  Pertenencia: puesta en común de la diversidad cultural argentina.

Participaron en dos ediciones de  la Feria del Libro  de Jacinto Aráuz .En 2012 concretan el primer libro del grupo: El Hilo Invisible. En 2013 fueron nuevamente seleccionadas por el FNA para un taller dictado por la reconocida poeta Irene Gruss,  en Sta. Rosa y en Toay.

También en 2013  fueron invitadas a  leer  en Arte Propio, y recorrieron colegios con el Plan Provincial de Lectura, además de asistir a la 39ª Feria Internacional del Libro de  Buenos Aires.

En el Encuentro de Escritores organizado por APE presentaron la ponencia     “Hornear poemas como budines”.

Mientras tanto, la itinerancia poética no se detiene. Sea en  Gral. Acha, donde vive Daniela, en Sta. Rosa, donde las anfitrionas son Lisa, Marcela o Marisa, en Eduardo Castex, donde las recibe Susana, o en Gral. Pico, donde Águeda les abre la puerta,  cada tanto suspenden la rutina y se entregan a leerse y “desguazarse”,  a compartir autores, a reflexionar  sobre el oficio. De cada encuentro salen enriquecidas; sus voces, lejos de mimetizarse,  se fortalecen en una diversidad de matices, se diferencian cada vez más, encuentran su propio registro.

Y siguen siendo siete: Mabel López, como un duende burlón, comparte la palabra y las risas, cada vez que se juntan.

 

 

SIETE

           Siete

 

            Siete poetibrujas

            Siete brujametáforas

            Siete escritohechiceras

            arman inconfesables  concilábulos  

            urdiendo trampas de palabras

                                   para engañar a la muerte    dicen

                                   para encantar al  olvido

 

             

                                                                      

 

             Las  escobas  dejan rastros

            como la cola de un cometa

            una estela de luz

            una chispa que brilla sobre lo cotidiano

Siete

            caminan porque sí

             sobrevuelan La Pampa                                          

             porque vale la pena la poesía

            siete que pertenecen a una raza secreta

            siete pares de tacos pinchando las palabras

                                   para ganarle a la vulgaridad  repiten           

                                   para que pierda el rumbo la tristeza

 

Siete miradas hurgan en mundos escondidos

y  brujean sin pausa

lápiz varitamágica  en las manos

ponen sobre la mesa

junto al pan amasado

la belleza descalza

                                   para burlar a la muerte  dicen

                                   para darle sentido a la  nada

 Águeda Franco

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    Durante varios días
                                                                                                                                                                    el viento marino
                                                                                                                                                                 batió inútilmente el ala, batió sin entender
                                                                                                                                                             que podemos imaginar un ave, la más bella,
                                                                                                                                                                         pero no hacerla volar.

La Piedra Alada. José Watanabe

 

 MARIPOSAS

Mi padre recorría en auto los campos de la zona

cuando volvía, el paragolpe  traía cientos de mariposas.

A veces quedaban solo pedazos de cuerpo reseco

a veces sus alas se deshacían en mis manos.

Había anaranjadas, blancas, amarillas con manchas

podía ver en  parte sus dibujos

la única pieza del rompecabezas

la última pieza.

 

Volaban arriba, donde no hay alambrados

en bandadas recorrían los bosques de eucaliptus

se paraban en la panza de los girasoles

y acompañaban el tranco lento del ganado.

Mariposas

Yo miraba el paragolpes

a veces el viento movía las  alas pegadas

entonces entendía

como la muerte  puede alcanzarnos

en pleno vuelo

Daniela Pascual

 

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DICIEMBRE

 

                                                           Décimo mes del calendario romano

                                                                        Duodécimo del  calendario gregoriano

 

 

El verano deja una huella incendiada

y parte en dos el campo.

Con majestuosa indiferencia

su carruaje de fuego cruza el zodíaco

de Sagitario a Capricornio.

El trigo verde se quema en una ofrenda

que consume la mediocridad

y  deja cenizas fértiles.

 

Corroborando circunstancias absurdas

diciembre no es décimo

es doce.

Es que a veces nos llaman por un nombre

que talla la costumbre

pero no dice de nosotros.

 

La resolana mueve los contornos.

Mariposas ondulan en el aire con levedad alucinada.

Días largos

en la autoridad inflexible del sol

en la insistencia ensordecida de chicharras.

 

Se cierra la parábola. Agotado final del calendario.

Horóscopo cansado

con una brazada de espigas te despido

y  unos damascos de oro rojo

que entierran la dulzura entre los dientes.

 Agueda Franco

 

 

 

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Aquí están tus recuerdos:
este leve polvillo de violetas
cayendo inútilmente sobre las olvidadas fechas…

Olga Orozco

A mi hermano Fabián,  presencia incondicional.

 

 

Aquí están  tus  recuerdos

y  los míos

laten

entre las  paredes gastadas

por el salitre

del tiempo.

 

Perfume de madreselva

en la mañana

el eco de su voz

aguijón que no detiene el tiempo

las miradas  

cómplices

las palabras

los reproches.

 

La cocina

borbotea en las ollas

en el aire.

 

Una ventanamirador

sobre la mesada

atrae  pensamientos viscerales

 

 

mientras

ella teje a dos agujas

el sonido acompasado

del día que se va.

 

Aquí están los recuerdos

cimientos de un presente atardecido.

 

Nos unen.

 

Marisa Cascallares

 

 

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La jaula se ha vuelto pájaro

qué haré con el miedo.

Alejandra Pizarnik

 

Miedo al miedo

                escala de grises

                 burlan los rincones

vuelven fantasmas

         que chupan la sangre

los labios de mi cuerpo

escupen las cenizas

Miedo al miedo

            del miedo

 un cactus florece por las tardes

 las espinas desgarran

       algo se enciende

                  en mi centro

 una papa caliente

es esta desazón

Tengo miedo       al miedo

              del miedo

cierro persianas

                     y  me calzo.

Lisa Segovia

 

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Justo la vida

                        insiste

en llamarse vida

cuando el recuerdo

                        insiste

en tener tu voz

 

 

 

Hace frío en

la casa

recién llego

y no hay nadie

mas que yo

entrando

en mi vida

 

 

Susana Slednew

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LÍMITE

 

Puede rearmarse el amor

puede re-amarse la gente

re-vivir-se-puede?

qué hay un peldaño más abajo

del amor mutilado?

Mabel López

 

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HACIA EL MONTE AZUL

Para Mario

Con la luna detrás de nosotros

te dejo mis tambores para que suenen

mientras nos internamos entre los cerros.

Me voy a ir con vos hasta el cauce del arroyo

mirando esos ojos negros

que me hacen perder la noción del tiempo.

 

Nos alejamos de la casa

quedan las historias de cacería y de política

los debates entre trucos y  guiños pícaros.

Salpicados de barro en un estanque de luna asentada

nuestras miradas se paralizan

 en una gota que aparece cristalina,

 en un espacio prohibido

lastimándonos contra los troncos.

Nadie escucha nuestro latido bajo el agua.

Marcela Zuazo