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Santiago Peterson

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Hola

¿Cómo están? Antes que nada, bienvenidos, quisiera contarles un poco sobree mí, así que intentando romper las barreras de la timidez y les diré algunas cosas.

En 1985, Gustavo (mi padre) vendió su moto y le pidió prestado al padre de Virginia (mi madre) unos pocos dólares para hacerse de un terreno en las afueras del departamento de Montevideo. Al igual que la gran mayoría de las familias uruguayas Gustavo y Virginia tenían el sueño de una casa propia, así que con un préstamo del Banco Hipotecario iniciaron durante el verano de 1988 la construcción de su vivienda a pagar en 30 años.

No es fácil este tipo de decisiones, pero ellos la tomaron. Un barrio fronterizo al arroyo carrasco poblado más por arenales, lagos de bañado, pajonales y terrenos baldíos que por gente. Un lugar casi sin comunicación de transporte urbano, debido a su ubicación geografía y el estado de sus calles sin pavimentar. Un lugar donde las calles eran la mayor escuela de un niño que paseando en su bicicleta fue descubriendo “los montes” de eucaliptus que esperaban pacientemente a ser ocupados por una vivienda. En 1989 Gustavo y Virginia decidieron tener su primer hijo, y así fue como en diciembre de 1990 nací yo, Santiago. Luego vinieron a colonizar mi situación privilegiada mis hermosas hermanas Agostina en 1992 y Joaquina un poco más tarde en 1996, pero a pesar de los menesteres del conflicto de intereses que teníamos supimos sortear las barreras y repartir el territorio disponible de modo justo.

Me crie en ese barrio alejado de la ciudad, en contacto constante con la naturaleza, con domingos de padres haciendo el jardín y quemado podas en las calles, con tardes otoñales saliendo a juntar ramitas para la estufa a leña, con inviernos de calles inundadas, con primaveras de extrema felicidad. Mi madre, que proviene de una familia con amplio contacto rural siempre se esforzó por tener en nuestra casa un fragmentito del campo en el cual ella se crio, allá por las sierras de Aiguá. Como mis abuelos Ezequiel y Dora tenían una casa en las sierras de Minas y mi madre tenía muchas vacaciones ya que es maestra, pase la inmensa mayoría de mi infancia vinculado con el espacio rural uruguayo. Escuchando cuentos y leyendas de mi abuelo, aprendiendo versos camperos de mi tío, dichos de truco de mi tía y de los amigos que me iba haciendo en aquel paraje. Para reforzar esta situación Gustavo compró en 1997 una chacra en el km. 90 de la ruta 7 en donde también pase gran parte de esa infancia tan poblada de verde.

Tuve de mascota un corderito cuando era chico, también tuve un conejo y un día llego mi fiel amigo del alma directo desde Tala a mi vida, El nerón. Aprendí a andar a caballo casi antes de aprender a caminar por mi propia cuenta. Mis más importantes recuerdos son en el campo, son vinculados a lo rural, en familia y todo el día en la naturaleza y jugando con el recurso más hermoso de la infancia, la imaginación. Fui indio conquistando la serranía, también fui cowboy de rifle de papel, marinero de los ríos y arroyos en los cuales me bañe, explorador de tierras vírgenes, fui todo lo que me permití ser. Creo que a pesar de los pesares, soy un hombre que puede decir que tuvo la infancia más feliz que puede tener un niño, al menos fue lo más feliz que yo pude tener.

Bueno, sin aburrir más, la vida fue pasando, con sus idas y vueltas. Decidí, un poco marcado por aquellas historias y leyendas rurales, estudiar Historia en Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, UdelaR. Me enamoré de mi carrera a primera vista hasta que algunos profesores de nombre y apellido hicieron todo por frustrarme. La abandoné y con coraje hace relativamente poco, la retome con mucha fuerza. En este momento estoy entregando mi trabajo final para titularme. En el camino de mis estudios me di cuenta de que mi más íntima pasión, el escribir, parecía ser de interés para algunos, y así fue que siguiendo el consejo de un amigo decidí embarcarme a escribir mi primer poemario; Madrugón Escarchado.

Acá van a poder encontrar, algunas cosas de ese texto, algunos cuentos, algunos ensayos políticos y culturales y algunas cosas que mi cabeza necesita exteriorizar para seguir siendo un neurótico habilitado a vivir en sociedad. Más allá de esto último, por sobre todo, van a poder tener acceso a una parte importante de mi trabajo, descubrir que es lo que hago, en qué proyectos participo y hacia donde me estoy encaminando. Si algo de todo esto les interesa, estoy a la orden para conversar, crecer intercambiando experiencias, y brindar mis habilidades para satisfacer las necesidades de otro. Espero que todo lo que hallen aquí puedan disfrutarlo.

Les desea un gran día.

Santiago.