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Olga Outside

 Sitio Web 

Prefiero la idea de que lo realmente relevante es lo que se escribe, y no el CV o la cara.

 

Sin brindis

Sé la hora exacta.
Un motor creciendo
entre el vacío de la calle y
petardos ansiosos me hizo
desviar un ojo
un instante
de la trayectoria del pacman y buscar
el ángulo inferior derecho de la pantalla.
Son las 23:58 y pasa
un bondi por la puerta de casa.
El chofer y sus improbables pasajeros
comenzarán el año esperando
el verde en el semáforo de Sáenz.

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Hsy cadáveres (versión vegana)

En las calles, bajando
de camiones, hay cadáveres.
En los negocios, en sus vidrieras, iluminados
con luces rosas,
hay cadáveres.
En los supermercados,en la parte más fría, hay cadáveres.
En los restoranes, en los bares,
en sus menúes hay cadáveres.
En tu casa
hay cadáveres.
En tu plancha, en tu horno,
en tu heladera –en el cajón de abajo–
hay cadáveres.
En los camiones atestados y hediondos que cruzás
en la ruta, aunque todavía respiren, hay cadáveres.
Cuando cae la maza y el sismo vacuno signa la zona,
cuando su energía queda allí,
suspendida, atiborrando el barrio,
hay cadáveres.
En el alimento de tu mascota –a la
que seguramente hiciste
mutilar– hay cadáveres.
Aunque tercerices la muerte para
no cargar tu conciencia con el gemido
postrero, hay cadáveres.
Cuando la hija de mi dentista encuentra
una vaca en su libro
para dibujar animales y yo le digo
"¡uy, un churrasco vivo!"
es para que vaya sabiendo que
hay cadáveres.
En el aroma seductor de las parrillas,
en el asado del domingo, con todos tus amigos, en toda
tu familia hay cadáveres.
En tu aliento, en tu postura, en la acidez
de tu pH
hay cadáveres.
Entre dos panes hay cadáveres.
Entre tus dientes hay cadáveres.
Manjares, minutas, bodegón
para tacheros fafaferos, recetas de autor, acompañados
por hojas verdes, en canal Gourmet hay cadáveres.
En tu boca hecha agua, en tu atareado estómago, en un recodo
de tu íleon,
en tu yeyuno hay cadáveres.
En el vientre de la vaca a la que le sacás
el vacaray… cadáveres.
En tu producción de adrenalina,
en la resistencia
a los antibióticos,
en el sabor de tu entrepierna jugosa
hay cadáveres.
Entre las ínfimas letras que disimulan
los ingredientes de
las Cerealitas hay cadáveres.
En la uña del rabino hay cadáveres
kosher.
En las dificultades que tengo
cuando podría ser una opción invitarte a comer,
entre otras cosas
hay cadáveres.
Decapitados por el de Café San Juan, que vierte
su sangre caliente, aún palpitante, en un tacho
para hacer morcilla y que, sin embargo, sucumbe
ante el tabú de la muerte y no los muestra
en cámara, hay cadáveres.
En ese templo de los niños donde la felicidad
viene en cajita hay cadáveres.
En la pizza de anchoas que me voy a comer en un rato hay cadáveres.
En tu plato, en tus ojos,
en tu deseo…
en tu vida, indispensables, hay cadáveres.

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Antes de que yo me vaya y vos desaparezcas (2019)