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Falleció el poeta argentino Leonardo Martínez

La Red Federal de Poesía despide con cariño y respeto al poeta catamarqueño y acompaña a su familia, amigos y colegas.

Compartimos una entrevista que le hizo Jorge Boccanera en 2013 para el diario Telam, a raíz de la salida de la compilación de Ediciones Del Dock de su obra.

13/12/2013 CATAMARCA

Erotismo y muerte en la poesía del catamarqueño Leonardo Martínez

Expresiones del arte contemporáneo, tanto como el legado de una cultura arcaica estrechamente ligada a la tierra, constituyen el humus de la poética del catamarqueño Leonardo Martínez, autor de la antología “Escribanía de vivos y muertos”.

Por Jorge Boccanera

Publicada por Ediciones del Dock, la compilación de Martínez reúne una selección de sus diez libros, entre ellos: “Tacana o los linajes del tiempo”, “Ojo de brasa”, “El señor de Autigasta”, “Estricta ceniza”, Rápido pasaje” y “El barro que sofoca”.  
 
La poesía de Martínez -nacido en 1937 en Córdoba “accidentalmente”, explica, ya a partir de los dos años vivió en Catamarca- está poblada de referencias familiares debido a su condición de “huérfano” que lo llevó a procurarse “un anclaje, un horizonte de afectos en el que se mezcla lo real con lo ficcional”.  
 
Más que un paisaje resalta en esta obra una textura, una atmósfera (esa “polvorienta luz que se deshace”), y un tiempo que reúne memoria y presente; ausencias que cobran espesor de vida, todo tensado por imágenes de gran factura: “En ese silencio el viento enreda/ sombras ancestrales/ y las sombras son espejos de otras sombras”.
 
Una poética atravesada por una metafísica que reúne erotismo y muerte, “voluptuosidades” y “noche caníbal”, escribe Martínez, quien alude a un dios “que refucila en el vientre de la oscuridad”, y a un vivir que es un “piar de abismo” donde el hombre se balancea en medio de la cerrazón: “como si en la noche -escribe- estuvieran encerradas todas las noches”.
 
- Télam: El título de ``Escribanía de vivos y muertos`` remite a una especie de balance, arqueo, registro de presencias y ausencias. 
- Martínez: Escribanía como registro de ánimas, pero también lugar desde donde se escribe, se cataloga e inscribe para una supuesta eternidad. El poeta, amanuense en una jungla de códices, dueño de una amorosa caligrafía, al servicio de un ordenador desconocido.
 
- T: En su poesía hay un tributo a la tierra y a una estirpe, ¿pesan esos antepasados? 
- M: Siempre creí en la carga genética, en la laboriosa construcción biológica, el “habitat” primero, la carnalidad que nos une. En ese sentido me siento partícipe de un proyecto que ayuntamiento tras ayuntamiento cumple un cometido de manera inescrutable. Es indudable que todas las viejas familias del noroeste argentino tienen un alto mestizaje: quichuas, aymaras, diaguitas, guaraníes pueblan nuestra genealogía.
 
- T: En ese sentido uno de sus versos dice: “toco las huellas de tribus pasadas"…
- M: Sí, me refiero al grandioso pasado precolombino y a los señores de las grandes migraciones oceánicas. A través del mestizaje me siento enriquecido por los jugos de la tierra y conectado a un mapa cada vez mas rico en resonancias antropológicas. De la cultura inca, rescato su amorosa y determinante relación con la tierra y sus productos. Su sentido de justicia en los repartos y en las dádivas.
 
- T: ¿Cuáles reconoce como sus principales influencias y vecindades?
- M: Hoy miro reverencialmente al Alto Perú y el Perú, como raíces del árbol familiar del noroeste. En mis ensoñaciones, Cusco permanece como centro de mi mundo. Rescato la fuerza del “ayllu”,  de los “apu”, de la Madre Tierra. Y rescato la permanencia de un fabulario bullente en la lengua provinciana, de vertientes múltiples, donde relumbran  el siglo de oro español y los aportes de las lenguas hablas originarias.
 
Luego aparecieron Ricardo Palma, José María Arguedas, Juan Alfonso Carrizo, César Vallejo, Leopoldo Lugones, Ezequiel Martínez Estrada, Luis Franco, Francisco Madariaga, Juan José Hernández, Joaquín Giannuzzi y de los extranjeros, Walt Withman, Edgar Lee Masters y, entre otros, los poetas de la generación beatnik.
 
- T: Espigo apenas dos temas recurrentes: el silencio (justamente en un verso brillante lo describe como “Tiempo callado”) y el tiempo…
- M: Bueno, luego del torrencial desborde de las formas, el silencio es una forma de la plenitud. Respecto al tiempo, sentimos su paso por la huella que imprime en nuestro cuerpo; la huella que nos deja y su proyección es lo que llamamos tiempo. Pero el tiempo no es la huella, sino nosotros inmersos en el transcurrir de cambios y mutaciones.
 
- T: En sus textos, infancia, juegos, paisaje y siesta, destilan una sensualidad apenas insinuada, ¿se trata de uno de sus núcleos? 
- M:Me sería difícil deslindar un erotismo explícito de un erotismo discreto o velado en mis escritos. Creo que el deseo es el motor de de la expresión poética. De ahí, el gusto por las palabras, su sonoridad, lo que genera su entrelazamiento, tienen que ver con la carnalidad de este mundo.

 

Y un poema suyo:

 

ASUNTO DE FAMILIA

II

Nadie tuvo su muerte propia
Siempre la muerte fue un asunto de familia
Había sueños con madres vueltas a la vida
y tíos de tos seca en alcobas sin aire
Se hablaba de la Resurrección de la Carne
en refulgente Valle
donde el clan se reuniría
amoroso y tibio
acolchado en vida eterna
Incontables abuelos esqueléticos
florecerían en cuerpo virginal incorruptible

Sin embargo la muerte se oía en los velorios
como una hedionda sonata mal ejecutada
Cumplido el entierro comenzaba el olvido
y entre platos humeantes y disimuladas sonrisas
en el comedor iluminado
la avidez y el deseo
tocaban su tambor de vida

Después de sepultar a todos
estoy a solas con mi muerte
Ya no es asunto de familia
A pesar de alguna aparición en sueños
padres y abuelos están bien muertos
He logrado apaciguarlos
Darles el descanso final
El saludable olvido.

(Leonardo Martínez)